Conferencista: Ana Cerutti
Autores: Canetti A., Cerutti A., Navarrete C., Schwartzmann L.,
Roba O., Zubillaga B |
Introducción:
El Grupo Interdisciplinario de Estudios Psicosociales desde 1987
desarrolla sus actividades en el Departamento de Psicología Médica (Hospital
de Clínicas, Facultad de Medicina, Universidad de la República). Esta
integrado por profesionales de diversas disciplinas (pedagogía, psicología, psiquiatría, psicomotricidad, sociología).
A lo largo de
estos años ha venido trabajando fundamentalmente en los temas relacionados con desarrollo infantil y familia en condiciones
de pobreza. Ha realizado investigaciones y contribuido a la formación de
recursos humanos, al diseño de
Programas de Prevención y Promoción del desarrollo desde una perspectiva
teórica y a la evaluación de
Programas Psicosociales. Dentro de las publicaciones del grupo se destacan los
siguientes libros: Cuidando el Potencial del Futuro (GIEP, Montevideo, 1996);
Caminando por la vida con los hijos (CLAP / OPS, Montevideo, 1995); Desarrollo y Familia (Aula, Montevideo,
2000). En ellos se plasman algunas de
sus investigaciones así como la propuesta de instrumentos de tamizaje para la
evaluación del desarrollo del niño y del ambiente familiar (BIPOLAR Niño
/Familia; Instrumento de Prácticas de Crianza Giep), elaborados a partir de los
resultados de las investigaciones.
En este
trabajo se pretende acercar una reseña sobre los resultados que surgen de dos
investigaciones realizadas en el Uruguay en 1986 y en 1999, así como también
sugerencias a tener en cuenta a la hora de diseñar Programas de Promoción y
Prevención del desarrollo infantil con el propósito de motivar el intercambio,
la reflexión y la discusión que nos
permita enriquecernos y avanzar en el conocimiento sobre el tema que nos
convoca en este seminario.
Desarrollo del niño / a de 2 a 5
años, Familia y Pobreza.
Los datos que
se presentan a continuación son obtenidos de una investigación representativa de los sectores pobres
urbanos del Uruguay, dirigida a describir las características del desarrollo de
niños de 0 a 5 años y a identificar factores psicosociales de riesgo para el
mismo; a partir del análisis del banco de datos de un estudio colaborativo, (CLAEH-UNICEF-
IDRC) coordinado por Juan Pablo Terra (1986).
Frente a la idea de que la pobreza
constituye un importante factor de riesgo en el desarrollo integral del niño,
nos preguntamos: ¿qué factores dentro de la situación de pobreza afectan
qué aspectos del desarrollo y cómo lo
hacen?, ¿qué hacer frente a esta situación, cómo utilizar los recursos de una
manera más adecuada?
Partimos de la hipótesis que los factores
traumáticos ejercen un efecto acumulativo en el niño y su familia y que estos
factores actúan perturbando una compleja trama de interrelaciones que sirve de
soporte al niño y asegura el equilibrio familiar.
Acerca de
la metodología utilizada.
Del estudio
de Terra y colbs. se seleccionó una muestra constituida por 634 niños de 2 a 5
años: 575 corresponden a lo que se denominó sectores pobres (310 niñas, 265
varones) y 59 a un grupo control La misma se selecciona utilizando el criterio
de pobreza de CEPAL, en forma estrictamente aleatorizada, estratificada por
conglomerados que comprenden áreas urbanas de Montevideo e interior del país
(capitales y ciudades no capitales). Se
excluyeron: mellizos, niños con déficit sensorial, parálisis cerebral,
retardo mental severo y aquellos con los que no se pudo relacionarse
adecuadamente en el momento del test, presentando conductas notorias de
oposicionismo o retraimiento.
Se evaluó el
desarrollo psicomotor con el test de TEPSI ( Haeussler y Marchant, rev. 1985).
Es una prueba de descripción y tamizaje para niños de 2 a 5 años, elaborada y
estandarizada en Chile, habiéndose comprobado su consistencia interna y validez
de consistencia. Consta de 52 ítems distribuidos en tres áreas de desarrollo
(motricidad, lenguaje y coordinación), cada una de las cuáles constituye una
subprueba que proporcionan un puntaje global así como un perfil de
funcionamiento que discrimina potencialidades y defasajes en el desarrollo. Si
bien no esta estandarizada para Uruguay, el comportamiento de las curvas de la
población de referencia (Chile) y del grupo control (Uruguay) muestra que la media poblacional uruguaya se
corre levemente a la derecha y la diferencia de la media y el desvío estándar
de ambas poblaciones no es estadísticamente significativa. Para los distintos
niveles de análisis se aplican test estadístico de Chi cuadrado y la prueba
estadística de diferencia de proporciones.
También se evaluó el estado nutricional a
través de medidas antropométricas de peso y talla y el estado emocional y conductual de los niños a través del
reporte de las percepciones maternas de una lista que explora 17 síntomas
psiquiátricos.
Las condiciones psicosociales de las familias
fueron estudiadas en base a una entrevista estructurada con 90 ítems, aplicadas
a las madres. Las áreas exploradas incluían condiciones socio – económicas
y soporte social, características de la familia, prácticas de crianza,
disponibilidad materna y paterna y características del niño. Se usaron tablas de contingencia de doble
entrada para el análisis descriptivo e inferencial. Las diferencias entre los
grupos fueron examinadas usando la prueba de Chi cuadrado y el test de phi.
El análisis
e identificación de los factores de riesgo para el desarrollo infantil se hace
sobre la base de un enfoque de riesgo y se trabaja con la regresión
logística.
De los
resultados de dicha investigación se destaca:
1-
En
relación al desarrollo psicomotor se ha encontrado que:
|
|
Muestra general
(Sectores pobres)
0-24 meses 2-4 años
|
Control
(Sectores no pobres)
0-24 meses 2-4 años
|
|
Normal
|
71.7 %
|
64.3 %
|
80.8 %
|
89.3 %
|
|
Riesgo
|
22.4 %
|
25.6 %
|
17.6 %
|
8.9 %
|
|
Retraso
|
5.8 %
|
10.2 %
|
1.6 %
|
1.8 %
|
|
Total
|
100 %
|
100 %
|
100 %
|
100 %
|
·
Existe una mayor prevalencia de
alteraciones en el desarrollo psicomotor en los niños/as de sectores pobres. En
estos sectores el 67,3% de la población de niños de 2 a 5 años se ubica en la categoría de normalidad, el 24,3
% en riesgo (entre menos 1 menos dos desvíos estándar) y el 8,4% en retraso ( más de 2 desvíos
estándar a la izquierda), mientras que en el grupo control la proporción es
85%, 13,3% y 1,7% respectivamente,
·
El desfasaje en el desarrollo
psicomotor en los niños de sectores pobres se da predominantemente en las áreas
de lenguaje y coordinación y en ciertos ítems de dichas áreas. Los
aspectos del área de motricidad que se
evalúan a través del instrumento utilizado parecen menos dependientes de los
factores ambientales, no presentándose diferencias significativas entre ambos
grupos.
·
Si bien este no es un estudio
longitudinal, surge del análisis de los datos que a medida que la edad avanza
aumenta la prevalencia de retraso en el desarrollo psicomotor de los niños/as
de sectores pobres. El punto crítico se
encuentra en el tramo de edad entre 3 años y 3 años y medio para ambos
sexos, momento particularmente sensible del desarrollo en que comienza a
consolidarse, entre otras cosas, la
función simbólica. Estos datos estarían dando cuenta del efecto adverso de las
condiciones ambientales sobre las capacidades potenciales del niño. Distintos
trabajos han señalado la potencial reversibilidad de este retraso en la medida
en que el medio ambiente en que este inmerso el niño se modifique, ya que de lo
contrario sus posibilidades de socialización y capacidad de aprendizaje se
verían comprometidos.
·
Los problemas en el desarrollo
psicomotor afectan más a los varones que a las niñas de sectores pobres, en una
relación de 2 a 1. La mayor vulnerabilidad de los varones se manifiesta
principalmente en el área de coordinación, a expensas fundamentalmente del
dibujo de la figura humana y la copia de figuras.
·
En ambos sexos, los ítems que
aparecen más afectados corresponden a aquellos que miden aspectos de la
capacidad de representación simbólica e interacción social, encontrándose una
inhibición en la posibilidad de
utilización de los recursos potenciales del desarrollo.
2- Factores de riesgo asociados al desarrollo infantil
El análisis
estadístico de los datos permitió establecer la asociación de las
alteraciones del desarrollo psicomotor y emocional con determinadas
características de la situación familiar. A continuación se presenta una
selección de las variables psicosociales que asociaron con trastornos en el
desarrollo y que forman parte del conjunto de áreas relevadas (condición
socioeconómica, soporte social, clima familiar, disponibilidad materna,
creencias y prácticas de crianzas) :
|
VARIABLES PSICOSOCIALES
|
P
|
|
< de ½ línea de pobreza.
|
<.05
|
|
No utilización de servicios preescolares
|
<.05
|
|
Empleo materno en servicio
doméstico
|
<.005
|
|
Hacinamiento y promiscuidad
|
<.00001
|
|
Percepción Familiar negativa
|
<.05
|
|
Mala comunicación familiar
|
<.005
|
|
Discusiones violentas en la familia
|
<.05
|
|
Primaria incompleta de la madre.
|
<.0001
|
|
Depresión materna habitual
|
<.005
|
|
Insatisfacción materna con auto -
realizaciones
|
<.005
|
|
Prácticas machistas de crianza
(doble - norma)
|
<.005
|
|
Prácticas punitivas frente a la
desobediencia
|
<.05
|
|
Imagen negativa del padre en el
discurso materno
|
<.05
|
Los niveles
de pobreza medidos por el ingreso muestran baja asociación con el desarrollo
psicomotor, excepto en condiciones de pobreza extrema o indigencia.
El trabajo
materno, cuando implica gran demanda física y ausencia de gratificación como
por ejemplo el servicio doméstico, interfiere con la disponibilidad materna
para satisfacer las demandas del niño; por el contrario un trabajo estimulante
puede aumentar la autoestima materna y enriquecer la relación madre / hijo.
El fenómeno
de la promiscuidad (1.5 personas por cama) que se asocia a colecho del niño /a
con los padres o con la madre y el hacinamiento involucran no sólo la falta de
espacio real sino que traducen interferencias en las posibilidades de un
desarrollo de la experiencia del cuerpo propio y de discriminación del yo
corporal, que probablemente tenga consecuencias en el proceso de
autonomización, en el desarrollo psicosexual y de las representaciones
mentales.
La mala
comunicación entre los miembros de la familia constituyen un factor de riesgo.
Fundamentalmente se señalan: la distorsión en la comunicación y la exclusión
del niño /a en los intercambios verbales. Los aspectos cruciales en la
comunicación familiar distorsionada se relacionan con: mensajes confusos y
contradictorios, existencia frecuente de discusiones violentas, fracaso en
utilizar el lenguaje para resolver problemas, ocultamiento al niño /a de
información clave para su desarrollo.
La percepción de una interacción violenta en la familia se asocia con
problemas de comportamiento en el niño. En
la situación de pobreza, una atmósfera afectivamente tensa y hostil en
la familia no facilita condiciones adecuadas para el desarrollo, además de
proveer modelos familiares de respuestas agresivas.
La
depresión dificulta las posibilidades de la madre de recuperarse para sí misma
y para sus otros vínculos personales. Por este mecanismo actúa afectando la
disponibilidad en la relación con el niño, perturbando fundamentalmente el
ajuste madre-hijo. La madre, por sus dificultades emocionales, podría provocar
frustraciones a destiempo, tolerar mal la dependencia, o no lograr comprender a
su niño, no permitiendo que se organicen adecuadamente en su hijo las funciones
corporales y mentales. En esta población,
la depresión materna se asoció con la falta de expectativas de satisfacción
provenientes del hombre, la percepción por parte de la mujer de una inadecuada
calidad de la ayuda recibida con poca participación del padre de la crianza,
malas relaciones de pareja y un clima familiar violento, un mayor consumo de
antidepresivos y mayor frecuencia de alcoholismo pacífico.
Aunque la frecuencia de la depresión
no difiere significativamente entre los grupos pobres y no pobres, el impacto
en el desarrollo infantil no es el mismo en ambos grupos (en sectores medios la
depresión no se asoció a problemas en el desarrollo infantil). Este hallazgo
daría cuenta de la importancia de los soportes alternativos como atenuantes del
efecto de la depresión materna en el niño (pareja, sustituto materno, acceso a
tratamientos, programas, etc.).
La función paterna es un aspecto cada vez más estudiado como determinante
del desarrollo infantil. Durante décadas, se prestó especial atención a la
relación madre-hijo, como matriz del desarrollo humano y sustrato sobre el que
se asienta la construcción de la personalidad y sistemas de relaciones sociales
futuras. Hoy se sabe, sin embargo, que el padre ejerce un papel destacado en el
desarrollo infantil. Su función no sólo implica el sostén de la madre para
asegurar la adecuada disponibilidad materna y posteriormente la separación del binomio sino que interviene
por derecho propio, a través de vínculos con características propias que
enriquecen las experiencias del niño. El padre se relaciona con el hijo de una
manera diferente a la madre. El impacto de la ausencia paterna es cada vez más
reconocido, y este se amplifica en condiciones de pobreza, en especial cuando
la percepción de la madre y la imagen que ésta transmite al hijo sobre su padre
ausente es negativa.
Las
características predominantes en los casos dañados varían según el sexo de la población infantil, punto sobre el que
no se ha llamado suficientemente la atención.
El uso de
técnicas de análisis factorial y regresión múltiple permitió identificar que en
el caso del hijo varón el retraso psicomotor se asocia con aspectos que
interfieren en la capacidad de la madre para el sostén psicoafectivo del hijo a
causa de las condiciones laborables desfavorables de la madre, la ausencia
física del hogar, la desvalorización materna como mujer y la carencia de una
figura masculina de identificación positiva para el niño. A modo de ejemplo,
los hijos varones de madres solas que trabajan en servicio doméstico parecen
constituir un grupo de alto riesgo.
En la niña
el retraso psicomotor se asoció con situaciones que inciden sobre los
mecanismos de identificación de la hija mujer con su propia madre, destacándose
la discordia familiar y las dificultades en la comunicación familiar sin un
lugar para la participación activa de la niña.
En cuanto al
desarrollo emocional se han podido
identificar factores de riesgo en particular para los trastornos disruptivos,
tales como las prácticas punitivas, la mala relación familiar, la violencia y
la depresión materna
De acuerdo a nuestros datos, el
perfil psicosocial de estas familias estaría caracterizado por:
§
una madre deprimida o
desmoralizada frente a las múltiples privaciones cotidianas que no puede
encontrar satisfacciones con su pareja y desesperanzada de lograrlas por sí misma,
que busca, en el caso del hijo varón, una relación estrecha que permita
reequilibrar su autoestima. Esta relación deja poco espacio para el
reconocimiento y estímulo de las características y posibilidades propias del
hijo.
§
un padre triplemente ausente:
por sus insuficiencias en el cumplimiento de la función paterna frente al
hijo, por lo poco que la mujer espera
del vínculo de pareja y/o por la visión desvalorizada del hombre que la mujer
le transmite al hijo.
§
una relación de la familia
vivida como poco sostenedora, con ambos progenitores frágiles a la vez que
rígidos, con un predominio de vínculos hostiles y violentos contextualizados en
una falta de espacios físicos y vinculares; A ello se agregan las dificultades en el uso de la palabra como
vehículo de comunicación, negociación y resolución de conflictos.
§
una relación con un
macrocontexto social no habilitante en la que los soportes sociales
(centros de salud, educativos, etc.) no operan como recursos que provean valorización
y apoyo.
Estas dificultades surgidas del
perfil familiar descripto se potenciarían con las carencias socioeconómicas
extremas y con la imposibilidad de representarse un futuro más esperanzador
como alternativa.
Prácticas de crianza, creencias, disponibilidad,
organización familiar y desarrollo psicomotor en familias con hijos de 0-2
años.
Este estudio descriptivo se realizó en el marco de una
investigación evaluativa de impacto de un programa de promoción del desarrollo
temprano, que se viene realizando en los Centros CAIF en el Uruguay desde setiembre de 1999.
De la muestra de niños, analizada por edad y sexo, se
excluyeron a aquellos con patologías
visibles y/o diagnosticadas.
La población estudiada
estuvo integrada por 339 adultos (figuras de crianza) y 350 niños/as de
0-24 meses, antes de su ingreso al
programa de atención “Un lugar para crecer y aprender jugando-Plan CAIF) El 77% del total de la población pertenece a
11 Centros del interior del país y el resto a 3 Centros de Montevideo. La
distribución de la población infantil es homogénea en relación al sexo, con un
leve predominio del sexo femenino (F: 54% y M: 46%). La distribución por
edad fue de 49,8% para niños /as de 0 a
12 meses y de 50,2% para aquellos de 13 a 24 meses.
En cuanto a las
figuras de crianza que respondieron a los cuestionarios, se distribuyeron de la
siguiente manera:
Madres
92%, padres 1,1%, ambos padres 4,4%,
abuelas 0,3% y tías 2,2%.
Dado que son las madres quienes
representan la amplia mayoría de personas que respondieron los cuestionarios, a
lo
largo del trabajo nos referiremos a éstas como la persona entrevistada.
Se estudiaron las prácticas de crianza, organización
familiar y estado emocional del grupo de adultos así como desarrollo psicomotor
de los niños analizado por edad, sexo y localización.
Para analizar las Prácticas
de Crianza se utilizó el IPCG (Instrumento
de Prácticas de Crianza GIEP, 1998). Este instrumento consiste en una entrevista
que investiga una serie de fenómenos y/o situaciones relacionados con las
prácticas de crianza, creencias y valores que las familias ponen en juego en
sus relaciones cotidianas. Se utiliza para ello un cuestionario
semi-estructurado, que consta de 40 preguntas, la mayoría cerradas, divididas
en 9 áreas: comunicación, lenguaje, juego, límites, autonomía, funciones
parentales, disponibilidad y percepción parental y conocimiento del hijo. En su
elaboración se evitó utilizar juicios que indujeran una valoración positiva o
negativa de los aspectos investigados. Su análisis puede ser cuanti o
cualitativo, basándose en criterios respecto a conductas o prácticas
facilitadoras del
desarrollo de acuerdo a las investigaciones nacionales e
internacionales.
La evaluación del
estado emocional se basó en la Escala
de Salud Mental del SF-36. Esta
escala forma parte del instrumento abreviado para medir calidad de vida en
Salud. M.O.S. SF-36 (Medical Outcome Study Short Form). La versión utilizada
fue traducida al español por Alonso y cols. (España) y validada en nuestro
medio por Schwartzmann y cols. Es una evaluación multidimensional
diseñada para medir estado general de salud, compuesto por 8 escalas que
evalúan aspectos físicos y mentales. Ha sido utilizado en numerosos estudios
internacionales y nacionales para evaluar resultados de tratamiento o
intervenciones psicosociales. Se ha demostrado que a pesar de ser un
instrumento breve es psicométricamente sólido. Igualmente se demostró que la
Escala de Salud Mental ha sido útil para detectar trastornos depresivos así
como evaluar resultados de tratamientos.
La escala utilizada incluye
evaluación de salud mental y vitalidad. Consta de 9 preguntas con 5 opciones de
intensidad (nunca-siempre), midiendo en su nivel inferior la presencia de
sentimientos de nerviosismo y depresión casi permanentes, y en su nivel
superior sensación de bienestar y calma la mayor parte del tiempo. La escala de
Salud Mental tiene su máximo puntaje de 30 y un mínimo de 5 y la de vitalidad
tiene un máximo de 20 y un mínimo de 4. Es un instrumento auto administrable,
salvo que la persona no sepa o tenga dificultades para leer. En este estudio se
calculan los valores promedio para la población.
Para evaluar el Desarrollo Psicomotor del niño/a se utilizó la E.E.D.P. (Escala de
Evaluación del Desarrollo Psicomotor de Rodríguez, Arancibia, Undurraga,1976).
Es una prueba de tamizaje, diseñada
para evaluar niños de 0 a 24 meses. Consta de 75 ítems, 5 para cada nivel
de edad, los cuales se agrupan en cuatro áreas de funcionamiento:
-
Area motora: comprende motricidad
gruesa, coordinación corporal general y específica, reacciones posturales y de
locomoción.
-
Area del lenguaje: se refiere tanto al
lenguaje verbal como no verbal, incluyendo reacciones al sonido,
vocalizaciones, comprensión y emisiones verbales.
-
Area social: se refiere a la
habilidad del niño para relacionase con el resto de las personas y a su
capacidad de aprendizaje por imitación.
-
Area de coordinación: comprende las
reacciones del niño que requieren coordinación de funciones, intereses sociales
o sensoriomotores.
Se administra en forma individual,
con una duración promedio de 20 minutos, sobre la base de la observación
directa del niño frente a tareas que se
le proponen y algunas preguntas a la madre. Los resultados se registran en un
protocolo estándar.
Permite obtener un coeficiente de
desarrollo estandarizado estableciéndose 3 categorías: normal, riesgo y retraso
Cuenta con estudios de
confiabilidad interna, validación y poder predictivo.
Los resultados se
expresan en términos de frecuencias relativas .Para estudiar el grado de
asociación entre variables y su nivel de significación se emplearon los métodos
de Phi y Cramer (fuerza de asociación) y Chi cuadrado (nivel de significación).
Para el análisis de las
prácticas de crianza se estableció un corte de edad diferente al empleado para
el resto de las variables constituyéndose dos grupos: < de 10 meses (40%) y
>= 10 meses (60%) La elección del
corte de edad se apoya en que a partir de los 10 meses se observan cambios
significativos en los recursos con los que el niño cuenta para expresar y poner
en acción sus necesidades (a nivel motor, cognitivo, instrumental y emocional).
De los resultados del análisis descriptivo se
destaca:
1. En relación al
Desarrollo Psicomotor
Desarrollo psicomotor global de los Centros C.A.I.F. Comparación con
otros estudios.
|
Categorías
|
Caif
|
Pobre *
(Terra y cols)
|
No pobres *
(Terra Y Cols)
|
Población
Referencia
|
|
Normalidad
|
70.7 %
|
71.7 %
|
80.8 %
|
85.0 %
|
|
Riesgo
|
24.3 %
|
22.5 %
|
17.6 %
|
13.3 %
|
|
Retraso
|
5.0 %
|
5.8 %
|
1.6 %
|
1.7 %
|
|
Total
|
100 %
|
100 %
|
100 %
|
100 %
|
* 0 a 24 meses
Los resultados del test sobre el desarrollo psicomotor obtenidos de la
evaluación realizada a 272 niños/as
hasta 24 meses de edad, antes de comenzar los talleres, muestran que el 30% de la población se encuentra en las
categorías de riesgo y retraso. La frecuencia de retraso es tres
veces superior a la esperada en una
curva
poblacional de distribución normal y la
de riesgo es casi el doble.
Con la salvedad que son muestras distintas,
nos parece interesante hacer referencia a los resultados obtenidos en el
estudio nacional representativo de los sectores pobres urbanos (Terra y Cols.,
1989). Tanto en los niños evaluados en el CAIF antes de comenzar el Programa
como en los niños de sectores pobres de la investigación de Terra, se observa
una distribución similar en las categorías de normalidad, riesgo y retraso. Se
señala que en las dos muestras se utilizó el mismo instrumento de medición
(EEDP). Se destaca que en ambos estudios, la frecuencia de retraso es tres
veces y media superior a la población no pobre así y a la frecuencia esperada
en una curva poblacional de distribución normal.
“No
se puede decir que el riesgo y retraso evalúe el potencial intelectual presente
y futuro del niño. Es de destacar que toda la información disponible sugiere
que si no se modifican las condiciones ambientales, estos niños/as enfrentan
con marcada desventaja las etapas siguientes del proceso de socialización. Al
menos en una sociedad como la uruguaya hay que
presumir que el retraso
psicomotor predispone a la marginación en aspectos tan distintos y tan
importantes como la instrucción, la inserción en el mercado de trabajo, las
condiciones económicas y la integración social y cultural a la
sociedad global.
Si estos presupuestos son exactos, el retraso psicomotor se agrega como uno de
los mecanismos
sociales de reproducción de la pobreza. Y esto de por sí lo
convierte en un problema suficientemente grave, tanto en el
plano del destino
social y humano de los niños afectados, como en el de los mecanismos perversos
que conducen a una sociedad distorsionada para la vida democrática.” (Terra y
cols. 1989)
Estos
datos toman mayor relevancia frente a la información que surge de las
investigaciones realizadas sobre el poder predictivo de la E.E.D.P.. Una de
ellas comparó los cocientes de desarrollo obtenidos por la EEDP en el segundo
año de
vida, con los obtenidos por esos mismos niños a los 6 años, utilizando
en esta edad el test de Terman. De la comparación
de estos cocientes se puede
destacar como una de las principales conclusiones, que se observó una alta
correlación entre
ambos coeficientes. También se puede afirmar que los
lactantes de nivel socioeconómico bajo que presentan retraso en
el área de
coordinación tienen una alta probabilidad de presentar alteraciones en el
desarrollo visomotor a los 6 años,
medida según el test de Bender (Bocaz y
Seguel, 1978).
Desarrollo Psicomotor por edad
|
Categorías
|
0 a 12 meses
|
13 a 24 meses
|
|
Normalidad
|
79.1 %
|
62.3 %
|
|
Riesgo
|
18.6 %
|
30.0 %
|
|
Retraso
|
2.3 %
|
7.7 %
|
|
Total
|
100 %
|
100 %
|
A medida que la edad avanza disminuye la
categoría de normalidad a causa del comportamiento de las categorías
de
riesgo y retraso en el grupo de los niños/as de 13 a 24 meses. En el grupo de
los niños/as mayores, la
categoría de riesgo es una vez y media mayor y la de
retraso se triplica en relación al grupo de niños de 0 a 12 meses.
Estas diferencias
desde el punto de vista estadístico muestran una baja correlación.(Cr. .20 – P
.007). Esta tendencia
coincide con los hallazgos de las
investigaciones sobre el tema, iniciadas en la década del 70. Las mismas
muestran que
es a partir de los 15 a 18 meses de vida, que las tasas del
déficit en el desarrollo psicomotor en sectores pobres duplican
las observadas
antes de estas edades (Rodríguez y Lira, 1976; Lira y Rodriguez, 1979); (Lira y
Galvez, 1985); (Bralic y
col., 1989); (Lira, 1992) de no mediar cambios en el
medio que rodea al niño.
Las
investigaciones internacionales antes mencionadas, junto a otros estudios de
seguimientos de niños mayores
(Silva, 1980; Frankerbourg, 1990) constatan que
con la edad, aumentan la prevalencia de déficit en el desarrollo del niño.
Estos
resultados coinciden con los hallazgos de la investigación CLAEH-GIEP de 1989 (Terra y Col., 1989;
GIEP-CLAEH,
1997), destacándose que a pesar de haber transcurrido 10 años entre ambas , se
siguen detectando los mismo problemas.
Al respecto es importante señalar que si
la población de niños hasta 24 meses, evaluados antes del Programa en los
CAIF
se comportaba en forma similar a la muestra de Terra y Col., todo indica que
estos niños, de no mediar cambios,
tendrían una alta probabilidad de que su
desarrollo psicomotor se deteriore a medida que la edad avanza.
Esto confirma la necesidad de
implementar programas de promoción del desarrollo temprano, bien focalizado,
máxime si se tiene en cuenta lo antes expuesto sobre el valor predictivo de la E.E.D.P. Rutter (1980) plantea que los niños tienen
la capacidad de compensar aquellos aspectos más vulnerables de su desarrollo,
fundamentalmente en los primeros años de vida. Pringle, afirma que los factores
psicosociales tienen que ser continuos
y persistentes para que se altere el desarrollo.
Desarrollo Psicomotor por sexo
|
Categorías
|
Varones
|
Niñas
|
|
Normalidad
|
69.7 %
|
71.2 %
|
|
Riesgo
|
21.8 %
|
26.6 %
|
|
Retraso
|
8.5 %
|
2.2 %
|
|
Total
|
100 %
|
100 %
|
Los resultados del desarrollo
psicomotor por sexo muestran, al igual que lo que se observaba en el estudio
anterior en niños de 2 a 4 años, la tendencia (Cr.15-P.06) a cierta diferencia
a favor de las niñas, debido fundamentalmente a que el porcentaje de varones
en retraso es casi cuatro veces mayor que en las niñas. Esto refleja que las
situaciones más graves predominan claramente en el sexo masculino.
Hay
una vulnerabilidad en el desarrollo del varón que está en parte, biológicamente
determinada en el enlentecimiento de los procesos madurativos del sistema
nervioso (Fejerman, 1976). Investigadores del desarrollo han demostrado que las
diferencias maduracionales se dan desde el nacimiento. La velocidad de su
crecimiento va detrás de las niñas: caminar, hablar, dentición (Hutt, 1966). El
varón muestra mayor desorganización e inestabilidad afectiva durante los
primeros meses de vida así como también demora más tiempo en regular sus ritmos
(Haviland y Malatesta, 1981). Resulta indudable que los factores maduracionales
de cada bebe influyen sobre su propia experiencia y la relación con su madre,
atravesando la trama afectiva y sociocultural de este vínculo. Aún en el caso
de sostén similar dado por la madre se han encontrado diferencias
comportamentales en ambos sexos (Olesker, 1988).
En
caso del varón la mala calidad del ambiente sobre una situación de mayor
vulnerabilidad biológica aumentaría la probabilidad de daño en el desarrollo.
Lo ambiental, vendría entonces a reforzar y amplificar situaciones planteadas
biológicamente y a limitar el despliegue de sus potencialidades.
Investigaciones
internacionales y nacionales han constatado diferencias estadísticamente
significativas en el desarrollo psicomotor a favor de las niñas, cuando los
varones están expuestos en forma continua a factores psicosociales de riesgo.
Las niñas están dos veces mejor que los varones. Estas diferencias comienzan a
ser estadísticamente significativas a partir de los dos años (Bralic y col.,
1989), (Silva, 1988), (Moore, 1990), la misma estaría dada por el lenguaje. En
el estudio nacional del GIEP (1997) se constata que el desarrollo psicomotor de
los varones de sectores pobres se encuentra afectado (2 a 1) en relación al
desarrollo de las niñas, a partir de los dos años, dado por la obtención de
puntajes más bajos en la representación del dibujo de la figura humana, la
praxia constructiva, seguidos por aspectos relacionados al área del lenguaje.
Este estudio aporta también que las variables psicosociales de más peso, en el
caso del varón, que estarían incidiendo negativamente en el desarrollo, se
relacionan con la ausencia paterna o un padre presente que no participa en la
crianza o lo hace exclusivamente desde un rol punitivo; el trabajo materno
(exigencia física, muchas horas fuera del hogar) junto a la ausencia de
gratificaciones de la mujer en relación a sí misma, a su pareja, a su rol como
madre, con una imagen negativa de su familia y creencias machistas.
2. En relación a las
prácticas de crianza, creencias, disponibilidad parental y organización familiar.
Comunicación
Un 60% de las madres tienen una respuesta activa frente a los intentos de
comunicación del niño a través del lenguaje verbal y no verbal. En el resto de los adultos se observa poco interés en establecer o
mantener una interacción con el niño a pesar de los intentos de éste. A medida que aumenta la edad se incrementa la
comunicación activa de las madres. Es probable que al ampliarse los recursos
del niño para enviar señales, éste estimule más a las madres y revierta la
actitud de los adultos de subestimar la importancia de la comunicación
temprana.
Un porcentaje
importante de madres (80%) reconoce el
papel favorecedor que tiene la interacción del hijo con sus pares para el
desarrollo infantil.
Los los adultos opinan que la comunicación verbal con los niños pequeños es importante
especialmente porque los ayuda a
"aprender a hablar" (29%); porque favorece la comprensión y el pensamiento del niño (24%) y permite
comunicarse (18%). Sólo un 5% le
atribuye una función exclusivamente normativa: "para aprender a
comportarse". De estos datos se desprende que la mayoría de los padres le asignan a la comunicación verbal una función unidireccional de aprendizaje,
en detrimento de su papel como vehiculizadora de intercambios.
En
cuanto al momento oportuno para hablar
con los niños de temas tales como el nacimiento,
el 70% considera que lo adecuado "es responder cuando el niño lo
pregunte". Este tipo de respuesta contrasta con hallazgos del estudio
anterior ( CLAEH – GIEP), en los cuales solo el 24% daba una respuesta similar.
No es posible saber si esta apertura a la comunicación sobre la sexualidad se
relaciona con un mayor acceso a la información, una reducción de los prejuicios
o una respuesta socialmente aceptable.
Respecto al planteo
sobre la muerte, un 53% opta por decirle
que "se fue al cielo", un 5%
considera mejor "no hablar del tema" o decirles que "se
fue de viaje". Un 14% sostiene que hay que hablarle si pregunta y un 26%
“decirle que se murió”
La
primera parece ser una respuesta a la que se recurre comúnmente para enfrentar
a los niños con la experiencia de la
muerte, vinculado a aspectos religiosos de fuerte peso cultural.
Canciones
Las canciones
representan usos y costumbres que integran la cultura y la historia familiar y
son una vía a través de la cual las familias introducen los aspectos culturales
que ayudan al niño a desarrollar un sentimiento de pertenencia social. En la
etapa de 0 a 2 años , los adultos generalmente recurren a diferentes formas musicales
para vincularse con los niños entre las que se destacan las cantilaciones o
salmodias ( entonaciones sobre una sola vocal), canciones de cuna, expresiones
musicales (versos cortos, canciones de fórmula ) y canciones de moda emitidas
por los medios de comunicación .
De acuerdo a nuestros
datos, el 85% de las madres utilizan algunas de estas formas de comunicación
musical con sus hijos, siendo una conducta más frecuente cuanto mayor es la
edad del niño . Dentro de las formas descriptas, la única que no aparece es
la salmodias lo que probablemente se
relaciona con el hecho de que el cuestionario hacía referencia a cuales son las
canciones preferidas y tal vez las madres no conciben esta forma melódica
apoyada en el sonido y el movimiento como una canción.
Según las madres de
nuestra muestra, los hijos prefieren canciones
de cuna (32%), predominantemente antes de los 10 meses. En cuanto a la razón para su uso, un tercio
(34.7%) canta para hacer dormir al hijo; casi la quinta parte para entretenerlo
(23.9%) y 11% para calmar el dolor. Respecto al número de hijos, la frecuencia
de madres que cantan es mayor a medida que disminuye el número de hijos
Los cantos de cuna son actividades
lúdicas de un gran valor en la relación madre-bebé puesto que se ponen en juego
simultáneamente múltiples aspectos de ambos. Por parte del niño, aspectos
cognitivos y afectivos de su desarrollo y por parte de la madre, ellos evocan
la sensibilidad, la empatía, la creatividad y la riqueza del mundo
representacional por la vía del lenguaje. Entre ambos, se va creando así, un
vínculo de palabras, gestos y sonidos que potenciarán la relación madre-hijo.
Cantar una canción cuna, la voz y el tono en que es cantada, puede cumplir una
función de envoltura sonora musical verbal junto con otros elementos de la
relación madre-bebé . La canción de cuna es una práctica milenaria, a la cual
ya Platón, le reconocía un rol ventajoso tanto para el cuerpo como para el alma
de los niños. (Cerutti S, 1998).
Un 28% de las madres que cantan, identifica las canciones de
moda (aquellas que
son transmitidas por los medios de comunicación masiva) como las preferidas por sus hijos, siendo esta preferencia la que,
según las madres, predomina en los niños mayores de 10 meses.
La creatividad parental reflejada en "canciones
inventadas" es menos frecuente (8%) siendo una práctica que disminuye a medida que la edad del
niño aumenta. (Menores de 10 meses.) Un
16% identifica como preferidas a las canciones que se transmiten fundamentalmente
a través de las instituciones educativas
Cuentos
El cuento es uno de
los lenguajes expresivos del hombre. Desarrolla la imaginación, la creatividad,
la capacidad de asombro, de concentración , del orden y secuencia del
pensamiento. “ En un mundo donde predomina la cultura del zapping y la
fragmentación, el escuchar cuentos se convierte en una actividad altamente
gozosa y educativa........ escuchar un cuento con todo lo que implica: parar el ritmo acelerado, salir del agobio o
la rutina que a veces supone la vida cotidiana”. (Padovani, Ana, 1999).
Solo el 40% de las madres refieren contarles cuentos a sus hijos. La costumbre de contar cuentos no
es tan habitual como la de cantar canciones. Del total de los adultos que relatan cuentos, un 44 % declaran
inventarlos ellos mismos, mientras que el 49 % recurre al relato conocido o
estructurado. De éstos últimos, un 7%
corresponde a los denominados cuentos de
hadas. El 7 % restante no identifica cuentos preferidos.
“Lo importante de escuchar cuentos
es que a través de la experiencia, el niño empieza a descubrir la potencialidad
simbólica del lenguaje: su poder para crear mundos posibles o imaginarios por
medio de palabras, representando la experiencia
con símbolos que son independientes de los objetos, los sucesos y las
relaciones simbolizadas y que se pueden interpretar en contextos distintos de
aquellos en que originalmente tuvo lugar la experiencia, si es que tuvo lugar
realmente.”. (Colomer y Camps, 1996).
Lo que resulta llamativo es el hecho
de que no se registren los llamados cuentos de fórmula. Estos son
tradicionales, es decir populares y anónimos. Apelan al disparate y a la forma
extravagante, representan el puro juego y el puro placer. Es probable que
algunos de los cuentos inventados, que aparecen en la muestra cumplan con esta
característica.
Parecería desprenderse de nuestros datos que las vías de
comunicación que se apoyan esencialmente en el lenguaje, y que son base de la
estructuración del pensamiento, en la medida en que introducen un orden , una
secuencia temporal y espacial, un desarrollo y un desenlace , son recursos a los cuales el niño tiene
menos acceso en relación que aquellos mediados por el cuerpo, los objetos o las
acciones. Esto estaría traduciendo , por una parte, la propia limitación de los
padres para el uso de estos métodos en la medida en que exigen que ellos mismos hayan accedido a un pensamiento
simbólico que los habilite para apoyarse en la narración verbal . Por otra
parte, los hallazgos refuerzan la idea
de que en sectores de pobreza, las limitaciones del propio entorno dificultan en el niño la construcción de un pensamiento simbólico y del uso de la metáfora
para representar el mundo y encontrar significados que vinculen los hechos, las
experiencias, las emociones.
Juegos y Juguetes
El jugar es un proceso universal,
característico de la salud, gracias al cual desde sus primeros días el bebé realiza la experiencia de sus
habilidades en un campo preparado previamente por su madre u otras personas de
su entorno. Definir el juego es complejo. Siguiendo a Winnicott se podría
decir que se trata de una actividad que
ocurre en el espacio intermedio entre el mundo interno y el externo, el mundo
real y el de fantasía. Tal como lo señala Paulina Kernberg, el juego favorece
la creatividad y la sublimación. Si bien sus características dependen de la
etapa del desarrollo , de los aspectos
propios del niño y de factores culturales, tiene en común en cualquier edad que
suceda, el ser una actividad muy absorbente y gratificadora, lo que significa
que se realiza dentro de un afecto positivo y se inicia espontáneamente. |