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COMENTARIOS DEL DR. RICARDO BERNARDI |
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Nos
colocan frente a una difícil problemática y muy vasta. Las preguntas serían:
¿que es hoy un niño,
en esta sociedad moldeada por los medios de comunicación?, y ¿cómo
articular derechos del niño y de la familia? Son
temas que espero que a lo largo de esta actividad puedan ser tratados. Yo
voy a mirarlo desde una perspectiva psicoanalítica. Mi
primera reflexión es que es cierto, los derechos del niño son una
adquisición muy tardía como lo destacaron los conferencistas, y muy frágil;
fuimos descubriendo cada vez más que los niños son vulnerables, que las
familias también lo son,
las parejas, y al final ya estamos hablando ahora del tratamiento
de los vínculos humanos, que también son frágiles. Los equipos
asistenciales también, por eso se habla de quien
cuida al cuidador. Hablamos
del fin del niño, del fin de la historia, del fin de la civilización,
también las culturas son vulnerables. En
este panorama, ¿cómo hacemos para rescatar algunos puntos claros que
puedan afirmar una construcción real de los derechos del niño y de la
familia?. Desde el ángulo psicológico y psicoanalítico hay un punto que
me parece claro: ¿cómo se construye socialmente la idea de
reconocimiento de una subjetividad en el niño?, ¿como le damos derecho a
la subjetividad al niño?. Esto no es tan obvio, todavía hoy, hay mucha
dificultad en que se reconozca el dolor en el lactante, que el niño tiene
mente independiente, no es evidente. Hace
tiempo en una
investigación se preguntó a las madres: ¿cuándo el niño
empieza a querer cosas diferentes de las que quiere la madre para él?, y
las respuestas sorprendentemente variaban
enormemente. Esa
pregunta no se entiende en forma clara; contestaban a veces,
en la adolescencia, a los 20 años, las mismas madres que por otro
lado hablaban de las mañas de su hijo lactante, no veían las mañas como
una expresión de una voluntad distinta a la propia. Por supuesto que no sé
como se traduciría esto en términos jurídicos, pero el hecho de que la
mente humana se va formando progresivamente es uno de los primeros
derechos, a tener una mente distinta. Lo
que se ha investigado mucho hoy día, es muy importante, es que la mente
se va creando a partir de la imagen de que el otro, el cuidador se hace de
lo que le ocurre al niño, el niño no internaliza sus propios estados
mentales en forma directa, sino como función refleja o reflexiva. Va
internalizando la imagen que los otros tienen de él
y de ahí va logrando trabajosamente construir
un otro con una mente similar a la que va construyendo en él.
Si esto falla y lo hace cuando hay maltrato severo
como se decía, encontramos fenómenos
muy bien descriptos por algunos autores, y que son muy severos, en
que el niño tiene una violencia desubjetivizada
se va construyendo lo que después entendemos como esos crímenes
en que nos preguntamos, pero como no existía compasión por lo que el
otro sufría. La
compasión exige que el otro tenga una mente como
la mía, y eso es una construcción muy compleja. Entonces,
¿cómo construir un niño con mente en una sociedad donde existen otras
mentes?. Yo marcaría algunos puntos que me parecen muy importantes; uno,
que se empiece a hablar muy tempranamente de negociación, que hay
que aprender a negociar, y a conciliar. No es solo para las instancias de
arbitraje entre sociedades, empresas o adultos, es algo que va ocurriendo
día a día entre el niño lactante, que quiere dormir o no quiere dormir
o tiene que mamar o tiene que estar en pecho, son procesos en que dos
subjetividades asimétricas, eso es muy importante, porque no podemos
imaginar al niño como un adulto pequeño, pero sí como una subjetividad
en formación distinta a la de los padres, como establecer procesos de
entendimiento por medios que no sean la imposición o la violencia. No es
indisciplinamiento bruto el que genera una subjetividad distinta, son
procesos trabajosos, reconocimiento mutuo y de negociación y conciliación. Este
es un tema fundamental en el seno de la familia y que exige que entre los
padres exista también el reconocimiento a dos subjetividades, que está
en el borde de perderse cuando empiezan tú me desautorizaste. Como
entender que el respeto y el reconocimiento a la autoridad puede pasar por
opiniones distintas entre el padre y la madre, y la necesidad de llegar a
un acuerdo trabajoso, no establecido a priori por ninguna regla, sino
progresivamente creado, es esa generación
de un reconocimiento intersubjetivo entre los padres,
la que genera a su vez el reconocimiento intersubjetivo con el niño.
Ese sería un camino. El
otro, tiene que ver con el desarrollo de la comunicación; en un estudio
que hicimos hace unos años,
estudiamos el desarrollo psicomotor de niños en sectores pobres
del Uruguay comparados con no pobres. Dentro de los sectores pobres habían
una cantidad de factores que inciden en que el niño pueda desarrollar sus
potencialidades humanas que tienen que ver con la familia, con el lugar de
la madre, el lugar de los padres, todas cosas que confirman lo que ustedes
seguramente ya conocen: la importancia de que los padres puedan tener un
lugar humano en la sociedad, pero que a su vez puedan trasmitirle a los
hijos un reconocimiento. Un punto que tomamos fue el del impacto de la
televisión, una cosa que comprobamos es que sin duda la exposición a la
televisión era universalmente alta, pero los niños de aquellas familias
en la
que los programas eran conversados,
en las que desde el interior de la familia hablaban en algún
momento de lo que estaban viendo en televisión,
esos niños tenían un desarrollo psicomotor más alto que los
otros. Seguramente, no solo por eso, esas familias que hablaban lo que veían
eran familias que tenían además muchas otras prácticas adecuadas,
capaces de estimular y desarrollar. Lo
que les quiero decir, es que la palabra, la posibilidad de intercambio
verbal de lo que se está viendo es un factor de resiliencia muy
importante, porque no es solo ver la escena, es
el ver y asimilar pasivamente, sin un proceso de mentalización, de
simbolización y de transmisión del lenguaje que permita metabolizar de
otra manera lo que llega pasivamente. Si
queremos tener un niño que no finalice su historia, que pueda ser
rescatado, si queremos articular derechos del niño con
derechos de la familia, tenemos que articular los procesos
comunicativos
y reconocimiento mutuo de la subjetividad que permitan establecer
la base humana sobre la cual después se asienta la estructura jurídica
con los procesos sociales.
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