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CIERRE
DEL SEGUNDO MÓDULO DEL DIRECTOR
GENERAL DEL IIN |
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...y
para terminar: agradecerles a los
conferencistas y a los comentaristas. Hemos vivido una magnífica jornada de
trabajo gracias a sus aportes. Como
dueño de casa agradecer también la presencia de todos, ya que son ustedes como
participantes los que hacen que el Instituto sea un verdadero lugar de encuentro
para quienes trabajan por la infancia. A
modo de resumen final me gustaría intentar unir el
contenido de los dos módulos ya desarrollados. En el primero se hizo
expreso el volver a poner a la
Familia como algo sobre lo que valía le pena
reflexionar una vez más, sin olvidar que desde hace muchos años se
viene insistiendo sobre su importancia, y se vienen intentando diversas
aproximaciones al tema. Pero
junto a la “F” de Familia hemos creído relevante destacar la “P” de
persona. La familia está compuesta de personas. Y hablar de personas es hablar
de individualidades y de historias que no se repiten. Por ello cuando hablamos
incluso de igualdad de oportunidades, no debemos olvidar que se trata de algo
relativo. No se trata de una concepción niveladora. El colectivo social debe
construir resiliencia respetando las diferencias y sin querer ocultarse que
determinadas opciones pueden tener como resultado que halla quienes se
distancien hacia delante, mientras otros se rezagan. No se propone un espejismo,
sino una búsqueda científica para el diseño de políticas que por tener en
cuenta la dimensión “familia”, y sin desconocer las particularidades del
ser humano, logre construir una convivencia sin exclusiones violatorias de los
derechos fundamentales de las personas. Es a esto a lo que llamamos un
“enfoque de derechos”, teniendo en cuenta que cuando hablamos de familia y
de persona, estamos también pensando en “niño”
sujeto de derechos. Y que siempre que se habla de derechos humanos allí deben
estar incluidos los derechos del niño. La
aspiración es que todos podamos ser “persona” desde que nacemos, mientras
vivimos y hasta el día en que nos toca dejar este mundo. Y para ello se precisa
haber tenido en nuestro entorno quienes nos hayan brindado afecto y apoyo,
alguien con quien compartir un proyecto. Y es eso lo que entendemos con
“necesidad de familia”, y con el valor que significa preservar la “dimensión
familia” como algo necesario para una convivencia humana dignificadora y
resiliente. El ser humano necesita sentirse querido y aceptado. Esa es la
igualdad de oportunidades que deseamos para todos sin excepciones Todos,
incluidos quienes estamos hoy aquí, tenemos una fe antropológica: creemos en
valores. Nuestra visión global o focalizada de cómo hacer para que esos
valores se vuelvan efectivos, no implica recorrer primero el camino de la vida
hasta el final, para recién después sacar nuestras conclusiones y hacer
nuestras opciones existenciales. De niños “creímos” por lo que creían
nuestros mayores. De adolescentes “creímos” en el testimonio de nuestros ídolos.
Es decir que siempre iniciamos el camino creyendo en algo: en el valor del otro,
para desde ahí ir haciendo nuestras opciones más personales y comprometidas.
Esta mecánica antropológica determina también nuestra “fe” en el valor de
la persona, en el niño como sujeto de derecho, en la familia como ámbito
adecuado para crecer con la adecuada autoestima.
Nuestras
reflexiones sobre el tema familia están siendo compartidas en tiempo real por
todos quienes diariamente en los países de la región, en un número cada vez más
significativo, están accediendo a nuestra página web. Este Seminario sobre
familia tiene, pues, algo de laboratorio. Desde Uruguay hacemos un ejercicio que
apunta a enriquecer a todos los países del sistema interamericano, compartiendo
con ellos la firme convicción -que estas sesiones confirman técnicamente- de
que solo un niño respetado en sus derechos será
un adulto respetado y respetuoso de los mismos el día de mañana. Nos
vemos el viernes 28 de junio. Muchas Gracias.
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